Recuerdos musicales de “Luzbel” en Zac City.


Por: Araceli Rodarte Solórzano

 Con recuerdos musicales que se remontaron hasta 25 años atrás, quedó plasmado en la capital zacatecana el concierto ofrecido la noche del domingo  por la agrupación mexicana heavy metalera Luzbel que, por el paso del tiempo, la voz de su vocalista y líder, Arturo Huizar, ya no afloró como en su época de auge, aunque la satisfacción de sus fans por escucharlo lució fiel.

Dicho toquín, cuya sede fue Zac City Bar Pool and Karaoke, mientras que su organizador, Jesús Regalado, tuvo como teloneras a seis bandas más de orden local y del mismo estilo musical que la protagonista; tres de ellas fueron zacatecanas, dos hidrocálidas y una potosina.

Ante cerca de cien personas, inició la llamada Lilium, originaria de Zacatecas, a la que le siguieron Mission from arry, también de esta ciudad; Aesyr, de Aguascalientes y la cual sobresalió por una melodía instrumental homónima; Discordia, que, además de composiciones propias, interpretó piezas de los también heavy metaleros, españoles, Angeles del infierno, entre ellas Al otro lado del silencio y El principio del fin, así como Sé que es tarde ya, de Inspector, con lo que cambió su faceta por un momento, pues se trató de ska.

Continuaron a este grupo Flor de hierro, hidrocálido que abrió con Guerrero inmortal; y La bruja, de San Luis Potosí, que tocó Maldito sea tu nombre, otra pieza de Angeles del infierno.

Así, se dio cabida a la voz de Arturo Huizar y a sus tres instrumentistas, repartidos en bajista, guitarrista y baterista. Todos ellos, con atuendo negro.

Luzbel otorgó la bienvenida, sin previo saludo, con En el filo de la oscuridad, pero fue con la segunda melodía, El loco, con la que su público se dispuso a bailar slam, el cual se mantuvo en Pasaporte al infierno, la más famosa composición de esta banda, que le dio asimismo nombre a su segundo material discográfico, en 1986.

Al término de tal, ofreció Por piedad, con el tema de la religión, al igual que la mayoría de las piezas de este grupo.

Hijos del metal ocupó el quinto eslabón, para cuya ejecución solicitó a su audiencia su apoyo como coro. Y tras expresar “arriba Zacatecas”, ascendieron al escenario dos fans de este cantante, una de las cuales, no obstante, denigró con su manera de actuar a la mujer zacatecana.

Luego devino De un solo golpe, cuya letra poética extirpa la esperanza y en la que la guitarra parece llorar durante su magno solo.

Le siguió Guerrero verde, para después recordar, mediante Rompe la ley, a la legendaria agrupación británica Judas Priest, durante la cual se armó nuevamente el baile de los rockeros.

Posterior a ello, ejecutó Bienvenidos al Apocalipsis, La rebelión de los desgraciados, esta última dedicada por Huizar a los migrantes zacatecanos que trabajan en Estados Unidos y por los que tituló a la pieza La rebelión de los ilegales.

Se desprendió después de la voz de Arturo una de las melodías de amor de su banda, Déjate ser, que gozó de los coros de los asistentes.

Tras ello, Metal caído del cielo, y al despedirse le pidieron otra, por lo que cantó Las nueve lunas y Advertencia, acompañada también del Slam, y, luego de sugerir a su público irse con cuidado, finalizó con Esta noche es nuestra y con Gula.

Fue así como, con una voz, sin embargo, que no encajaba con la métrica instrumental, Arturo Huizar retornó a Zacatecas con la finalidad de expresar que el heavy metal continúa vivo.

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